Especiales SPA-FRANCORCHAMPS: 14,120 KILÓMETROS

DONDE NI LOS DIOSES SE ATREVIERON

29/12/2017. Cuando la F1 abandonó el “viejo” Spa por peligroso, allí estuvieron los Porsche 917K de Rodríguez y Siffert batallando en los 1.000 Km de 1971, con promedios similares a los de “Indy 500”, pero en un semipermanente enlazado por rutas secundarias y con una horquilla que se hacía a solo 25 km/h!!!…

En rojo, el Spa de 14,120 Km; en violeta, el empalme que derivó en el actual circuito de F1...


El Porsche 917 en sus versiones K (Corto) y LH (Cola Larga) casi no tenía rivales luego de su primera temporada triunfal en 1970, salvo algunos arrestos de Ferrari con su 512 (sobre todo con la versión “M” desarrollada en EE.UU.), y ese dominio apabullante dio lugar, curiosamente, a una de las disputas que, habitualmente, estaba encargada de dilucidar la F.1: quien era el mejor piloto del mundo.
Sin las mismas chances en la F.1, dos pilotos se destacaron del resto entre los pilotos Porsche de Sport, el mexicano Pedro Rodríguez y el suizo Joseph “Jo” Siffert y se enfrentaron bajo una condición absolutamente motivadora: si los Porsche 917 eran tan o más veloces en algunos de los escenarios que compartían con la F.1 (paridad que nunca se repitió en la historia entre autos en apariencia tan disímiles), quien ganara este particular duelo hasta podía considerarse algo así como “el otro campeón mundial”.
No se sabe si ellos fueron conscientes de esto, sin embargo, hicieron todo lo posible por "echarle nafta al fuego".
Para 1971, según lo dicho por el propio John Wyer (boss del equipo Gulf-Porsche) al inolvidable periodista italiano Franco Lini, “…mantendremos a Rodríguez y Siffert e incorporaremos a Jackie Oliver, un piloto muy seguro y veloz para que Pedro no tenga que esforzarse tanto y a Derek Bell, con características similares para acompañar a Siffert, en lugar de Redman”.
Esta conformación nunca pudo evitar que cuando el mexicano y el suizo se encontraban…saltaran chispas, “cada vez que salimos a pista, el pequeño bastardo trata de matarme…”, había deslizado Siffert en los 1.000 km de Watkins Glen a fines de 1970 y Rodríguez se enteró, con lo que la situación era poco menos que insostenible y con todo 1971 por delante, no planteaba un panorama muy tranquilizador para la marca.
Sin embargo, roces más o menos de por medio, la temporada fue desandada, incluyendo un nuevo triunfo del 917 en Le Mans con Van Lennep-Marko, hasta que llegó una nueva visita a Spa-Francorchamps para los 1.000 km de 1971.
No se sabe si por las características del circuito, porque este planteaba el mayor desafío para cualquier piloto, si era porque todos decían que “Rodríguez es un especialista en Spa” y eso motivaba aún más Siffert, si era que con los 917K en pista y ellos a bordo no había otro rival a la vista y el enfrentamiento era inevitable o que; lo concreto, es que la cita en el circuito belga era muy esperada por todos, especialmente, por el alicaído Mundial de Marcas.
En clasificación, los protagonistas fueron Bell y Oliver, ya que tanto Rodríguez como Siffert solo entrenaron y se fueron a correr en Silverstone una prueba de F.1 sin puntaje. Bell estableció la pole position a más de 258 km/h, con Oliver ubicado segundo.
Pero cuando la carrera se largó, la verdadera batalla fue entre los rivales de siempre.
Rodríguez y Siffert, con breves alternancias de sus coequipiers, se lanzaron a una lucha que tuvo mucho de fraticida.
No hubo ni señales de boxes, ni órdenes, ni banderas de precaución, ni rivales cerca, ni siquiera los distanciaron las paradas respectivas para reponer gomas y combustible, circularon casi siempre separados por menos del largo de un auto.
Orillando los 350 km/h en la vertiginosa recta de Masta (con una casi absurda chicana en su mitad que apenas si obligaba a “peinar” el acelerador), doblando en las hoy olvidadas Burnenville y Stavelot a 300 km/h plus, deslizándose por la mítica L'Eau Rouge (más angosta y mucho más peligrosa que en la actualidad) y hasta circulando “a paso de hombre” en La Source, esa horquilla que parecía de otro circuito y se recorría a 25 km/h.... Yendo más allá de los límites en cada curva, haciendo volar los conos demarcatorios de la pista en varios sectores (como se ve en la foto de apertura, que alentó la investigación y vigorizó este relato) batiendo records vuelta tras vuelta y así por más de 70 giros y 1.000 kilómetros de carrera.
Finalmente, con Rodríguez adelante en el 917K nº21 y Siffert atrás en el nº20, cruzaron la línea de sentencia de una de las carreras más fantásticas de la historia, apenas separados por 4/10 de segundo. A 249,069 km/h de promedio para los 1.000 kilómetros y con el record de vuelta a cargo del “perdedor” Siffert a 260,843 km/h; ¿el tercero?, llegó a cuatro vueltas!!!...
Nunca hubo en la historia ningún piloto, ni ninguna categoría, que anduviera más rápido en un circuito de leyenda como aquel Spa-Francorchamps de 14,120 kilómetros (el último vencedor en F1, en 1970, había sido el propio Rodríguez con BRM a casi 241 km/h de promedio).
El mexicano empleó 4h01m09s7/10, tiempo que nunca fue batido hasta que el trazado se dejó de utilizar luego de la edición de 1975, cuando se llegó a la conclusión de que, finalmente, se había convertido en “demasiado peligroso”
ROD




El auto-récord en el Museo Porsche
El auto original que logró el récord que se relata arriba (originalmente, chasis 917/015, aunque luego fue reparado con partes del chassis 917/035) se encuentra en la actualidad en el Museo Porsche en Zuffenhausen, distrito de Stuttgart, Alemania.



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