Deporte SANTA FE STC 2000

EL AUTOMOVILISMO FUE UNA FIESTA

STC2000

08/09/2017. Las limitaciones de un escenario callejero, no fueron motivo para que el automovilismo no se reconciliara con un gran acontecimiento social y deportivo…


Quedó planteado desde mi último editorial al respecto –“Con Chicanas no hay Paraíso- a propósito de la presencia de la categoría en el legendario, aunque desvirtuado, óvalo de Rafaela.
Allí, hablaba de ”clásicos”, entre los que se incluía el callejero de Santa Fe, como alternativa diferenciadora, aunque no excluyente.
Y la realización del último fin de semana en el citado escenario, no hizo más que ganar muchos puntos para ingresar, sin dudas, al selecto grupo de esas carreras "de elite", pruebas que deberían tener como objetivo, recuperar una característica que el automovilismo argentino ha olvidado en aras, casi con exclusividad, del show: PRESTIGIO.
Y atento que no me olvido del deporte, factor bastante condicionado en un circuito callejero, donde no abundan curvas de excelencia, ni sectores de alta exigencia técnica, verdaderas pruebas de suficiencia para los protagonistas de la categoría.
Sin embargo, la propuesta original, nunca fue buscar en un escenario ya diagramado o establecido como son las calles de una ciudad, un verdadero reto deportivo, sino ingredientes distintos.
Precisamente, los que propuso el callejero de Santa Fe.
Casi como “una bocanada de aire fresco”, la propuesta terminó resultando una verdadera inyección de positivismo para el automovilismo en general y el STC 2000 en particular.
Las calles de Santa Fe presentaron todo lo que no puede ofrecer una prueba convencional.
En principio, una carrera nocturna y otra diurna (sábado y domingo), masiva asistencia de público y, de la mano de esto, una movida incomparable, con una sociedad y autoridades santafesinas involucradas lo suficiente como para soportar los inevitables trastornos ocasionados por cortes de calles e interrupciones provocados por la verdadera “fabricación” de un circuito.
Obra cuasi faraónica que, seguramente, demandó un esfuerzo solo comparable con el disfrute que entregó la circulación de los autos del STC 2000 por lugares de diario trajinar para los santafesinos.
Y si bien es cierto que la categoría transitó otras pruebas por las calles –las de Buenos Aires en el Obelisco y Palermo, por ejemplo- creemos que Santa Fe, donde la propuesta callejera ya lleva más de 30 años, incluyendo la variante nocturna del sábado que cumplió nueve, se ha ganado el derecho a tener “el clásico de los callejeros” por mérito propio.

El resto estuvo a cargo de los protagonistas dentro y fuera de la pista: pilotos y sus autos y el público.
Lo más granado en materia de conductores del automovilismo argentino, llevó adelante un  verdadero espectáculo, donde no faltaron, el fenomenal sonido de los Radical V8, las luces del circuito y de los autos, los fuegos artificiales de la previa, el color y calor de discos de frenos y salidas de escape, chispas y bloques de cemento castigados por los excesos de los protagonistas y alguna que otra falla mecánica…
Vertiginoso marco donde la precisión y frialdad de Facundo Ardusso fueron factores excluyentes para hacerse de ambas pruebas, entregándole a la silueta Renault, su cuarta victoria encadenada de la temporada.
Como el piloto de Las Parejas hubo varios nombres más en las dos competencias disputadas, pero aquí no estamos tratando en forma puntual el tema deportivo –para hacerlo, hubiésemos ensayado una cobertura el mismo domingo pasado- sino el acontecimiento y su significado.
Que, sin duda, fue lo más valorado por la multitud que colmó tribunas, árboles y los balcones de los edificios y que, como si fuera poca la devolución que le hizo la categoría, sumó diversas acciones de índole social, como la del equipo Peugeot en el merendero “Unidos por los Niños”, o la de Citroën dibujando las calles aledañas al circuito.
Lo que se dice “una verdadera fiesta del automovilismo”, donde el más beneficiado resultó el público y que si bien no responde a la expresión purista que siempre le reclamamos a este fantástico deporte, cumplió una función social que excedió cualquier antecedente y que como tal, propone al callejero de Santa Fe como uno de los “clásicos” que tanto pedimos y que –como un retorno casi utópico al óvalo SIN CHICANAS de Rafaela-, o las reclamadas 100 Millas de El Zonda y los concretos 200 Kilómetros de Buenos Aires- nunca debería faltar del calendario.
Ricardo Delgado


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