Opinión RAFAELA STC 2000

CON CHICANAS NO HAY “PARAISO”

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07/07/2017. Sería muy atrevido de mi parte, tal como el Flaco Traverso lo hizo con Carlos Saavedra (Vision Auto.com.ar), decir que los pilotos no quieren correr en el óvalo de Rafaela sin chicanas porque “tienen miedo”, pero…

Confieso que en los días previos y posteriores a la presentación del STC2000 en Rafaela (bautizada “Raphy” en la legendaria redacción de Corsa por su similitud con “Indy”, al menos, en cuanto al espíritu…) la frase que más escuche fue “templo o paraíso de la velocidad”.
Y, realmente, me sentí molesto.
Tuvieron que pasar algunos días para que la sensación cambiara (aunque sigo pensando que, en vez de “templo” -y sin ánimo de ser peyorativo-, Rafaela con chicanas es apenas una “parroquia” y si me quedara con “paraíso”, creo que estaría más cerca de ser un “purgatorio”), sin embargo, el paréntesis disparó otras cuestiones…
Entiendo que el mágico circuito haya sido citado así por distintos comunicadores por los 200-veintipico de kilómetros por hora que logró en clasificación el STC2000, no hay otro que lo supere y tampoco que se le acerque.
Sin embargo, quizás distraídos o sorprendidos por el número, todos o casi, omitieron lo que, según creo, es el verdadero espíritu que supo tener el legendario óvalo de Rafaela, cercenado y desfigurado para aceptar la presencia de un Turismo Carretera técnicamente muy limitado, alternativa que debería haber cambiado radicalmente “la categoría tecnológicamente más desarrollada del continente”, ¿o no?.
Hace casi 50 años que sigo profesionalmente al auto y al automovilismo y creo que si tuviese que definir cual fue la mayor pérdida que sufrió el deporte-motor en ese lapso, probablemente, me inclinaría por decir que fue PRESTIGIO.
Algo que, a nivel internacional, es atesorado y enriquecido a través del RESPETO por escenarios, trayectorias, protagonistas e historias y que aquí ni siquiera tenemos en cuenta, preocupados en forma casi excluyente por comodines vacuos como “espectáculo”, “sorpassos” y “emociones”, buscando seducir con simples sensaciones a un público joven que llega al automovilismo desbordado por las mucho más fuertes emociones que les provocan las pantallas de turno a través de Transformers, Ironman, Spider-Man, etc.
Este automovilismo nuestro propone todo menos lo básico: DEPORTE (practicarlo, también es una formada de EDUCAR). De otra manera no se entiende que circuitos reconocidos no tengan sus clásicos, apenas, deambula por los calendarios los 200 Kilómetros de Buenos Aires…

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Alguna vez hablé el tema con Pablo Peón, a propósito de un torneo integrado por “carreras de prestigio”, que nunca deberían faltar de los calendarios, (los 200 Km citados, las 100 Millas de El Zonda -sin chicana-, el Desafío del Óvalo de Rafaela, el GP de Cuyo en Potrero, etc), “callejeros” (por caso, Santa Fe y algún otro) y luego “carreras selectivas” en trazados que deberían aspirar a integrarse y que podrían rotar con otros hasta acceder al nivel superior de “clásicos”.
Sin embargo, creo que a mi idea la derrotó el mismo criterio de siempre, la inmediatez de lo económico que termina siendo un desesperado “correr detrás de la zanahoria” año tras año, sin que ningún promotor o lo que fuera se haya rebelado para intentar modificar esto.
Es cierto que en el caso de Rafaela las condiciones no están dadas para correr en el óvalo y casi me parece escuchar la excusa-madre, “si corremos en el óvalo, nos traemos una docena de autos en una bolsa”, histórico razonamiento, atendible y cierto, ahora, ¿Qué se hizo últimamente para poder intentarlo?, SEÑORES, ESTAMOS HABLANDO DE AUTOMOVILISMO, POR FAVOR!!!.
Y que conste que disfruté muchísimo la carrera del último domingo, un verdadero carrerón, con innumerables alternativas y todas dignas de emoción, sin embargo, por mi cabeza, daba vueltas la idea original que inspiró esta opinión: si la del domingo fue una muy buena carrera, ¿se imaginan lo que hubiera sido en el óvalo?.
Sin dudas, esto que planteo tiene costados vulnerables, pero son los que menos me preocupan, en cambio, si me preocupa que no haya una idea por tratar de cambiar algo, siempre preferí “la revolución a las pesadillas”.
Hace unos 35-40 años cubrí para Corsa carreras de F1 Mecánica Nacional y F2 Nacional disputadas en el óvalo, ya unos años antes se habían corrido las “300 Millas de Rafaela”, donde los mismos autos que disputaban las “500 de Indy” anduvieron todavía más rápido que en el óvalo de Indiana.
Pero nosotros nos solazamos ante esporádicas muestras de “espectáculo” y los intereses de turno tratan de convencernos que nuestro automovilismo es poco menos que “un fenómeno”, mientras, el legendario circuito de Rafaela saca a relucir sus “cicatrices” de asfalto, cuando en Indianápolis, las “500” se siguen corriendo, como desde 1911, en el óvalo de siempre.
Ricardo Delgado


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